Leyendo entre mantas y café
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miércoles, 5 de enero de 2011

Kokoro

Autor: Natsume Soseki
Título original: Kokoro 1914
Traducción: Carlos Rubio
Editorial: Gredos
Páginas: 336

Esta novela llegó á mis manos gracias al concurso que Carol puso en marcha en su blog. Para mi es la primera lectura de Soseki y, aunque ya tenía una idea de lo que me deparaba este gran clásico, sin duda me ha entusiasmado ver como superaba página a página mis expectativas.

 Tres personajes se intercambian el protagonismo en una historia ambientada en el Japón tradicional de la era Meiji. El joven estudiante, que busca encontrar la sabiduría a través de su maestro, mientras éste guarda en su interior un pasado lleno de culpa y remordimiento. En mitad de su caos personal, una mujer aporta la belleza y la inocencia necesaria para equilibrar su vida y dotarla de sentido.

En la cultura japonesa, los términos o caracteres usados como representación no son solo palabras: contienen un contenido inmenso de significados. A veces, como ocurre con expresiones como kokoro o sensei en esta narración, este significado es tan grande que, cuando uno lo descubre, no existen palabras para definirlo. Ciertas partes de esta novela me han recordado a esa totalidad del saber que Muriel Barbery describía en La elegancia del erizo. Extraña relación, pero ambas historias están encaminadas al conocimiento de uno mismo y, a través de él, al del comportamiento humano. 

"¡Qué poca cosa es el ser humano! Observaba la vanidad y la fugacidad en las que los humanos nacemos y vivimos. Pensamiento que me reafirmaba en esa idea de lo frágil que es el ser humano."

Un libro para devorar sin pausa.

miércoles, 21 de enero de 2009

El Pabellón de las Peonías



Autora: Lisa See

Editorial: Salamandra

Peonía tiene grandes aspiraciones románticas y culturales, poco apropiadas en su sociedad, según su madre. Ella la dirige con dureza por el camino que ha de seguir durante toda su vida. En medio de este destino, Peonía queda libre, y es entonces cuando comienza a crecer y a conocer el mundo que la rodea, más allá de los muros que no la dejaban ver con claridad.

Una historia dura, pero enriquecedora para todo amante de la cultura oriental.

Me quedo con estas líneas: "Liniang suplicaba al juez y le explicaba que todo era un terrible error, pues ella era demasiado joven para estar allí, no se había casado ni bebido vino, pero había enfermado de mal de amor y había muerto.
<<¿Acaso alguna vez ha muerto alguien por culpa de un sueño?
>>
Me impresionaron las palabras del juez..."