Últimamente he dejado a un lado este pequeño rinconcito, también mis libros. Ese tiempo de lectura que ocupaba una parte importante de mi rutina diaria, y la hacía menos rutina. Mi estantería empieza a sentirse polvorienta después de años de movimiento y renovación constante. Y lo pienso a menudo. Y me da tanta pena. Y lo echo tanto en falta.
¿Se puede echar de menos algo que uno mismo decide abandonar? Claro que sí. La pregunta que me hago después es por qué no retomar, volver a entusiasmarse y seguir...como siempre.
¿Se puede echar de menos algo que uno mismo decide abandonar? Claro que sí. La pregunta que me hago después es por qué no retomar, volver a entusiasmarse y seguir...como siempre.
Creo sinceramente que el desencanto es una fase de todo bloguero, esta sensación de para qué que nos invade cada cierto tiempo, y que en muchos casos acaba con el cartel de cerrado colgado en la última entrada.
Me he planteado muchas veces el sentido de este blog, del tiempo que me supone y de la absurda presión que a veces me hace sentir. Pero qué le voy a hacer, si los libros ocupan una parte de mí, si el blog es mi forma de expresar esa pasión, y adoro pasearme por "mi lista de blogs" mientras me tomo el primer café del día.
Toda esta reflexión es para dejar claro que voy a seguir. Aunque me lo replantee mil veces, aunque sea despacito.










